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  • Foto del escritorNuria Gómez Belart

La vida es sueño

Actualizado: 28 nov 2023


Montar una obra teatral ampliamente reconocida para el público se presenta como un desafío monumental que va más allá de la mera ejecución técnica. La presión de cumplir con las expectativas de una audiencia exigente le añade complejidad al objetivo. Cada detalle, desde la configuración de los personajes hasta la escenografía, es clave para no morir en el intento. Más aún, la responsabilidad de revitalizar una narrativa sin perder su esencia original requiere un delicado equilibrio entre la innovación y el respeto por la esencia de la obra.

La historia es conocida por el público porteño porque es una lectura obligada en los programas de la escuela secundaria y porque ha sido representada varias veces por grandes artistas. Quizá una de las puestas más memorables fue la versión de Calixto Bieit, que se llevó a escena en el Teatro San Martín, en 2010, protagonizada por Joaquín Furriel, Muriel Santana y Patricio Contreras y que, durante la pandemia, se presentó vía streaming.

Los temas centrales de La vida es sueño son conocidos: por un lado, el dilema de Segismundo, el príncipe heredero de Polonia, quien ha sido recluido en una torre desde su nacimiento por su propio padre. A través de la historia de Segismundo, el autor plantea interrogantes atemporales sobre el libre arbitrio, el destino, el carácter efímero de la vida y la percepción de lo vivido como un sueño o una realidad. Por otro lado, el dilema de Rosaura está relacionado con la deshonra y el deseo de impartir justicia. Rosaura se enfrenta a decisiones difíciles, en las que se exponen cuestionamientos relacionados con la naturaleza de la realidad y la moralidad.

La vida es sueño se presenta actualmente en el Teatro Regio. Dirigida por Declan Donnellan y Nick Ormerod, la Compañía Nacional de Teatro Clásico, a cargo de Cheek by Jowl, lleva a escena la obra de Calderón de la Barca, que se presenta en Buenos Aires, en el marco de una gira por varios países.

A lo largo de una hora y cuarenta y cinco minutos, Donnellan y Ormerod introducen la adaptación con un enfoque que podría calificarse como expresionista o con ciertas reminiscencias al vodevil. El escenario está despojado y lo único que se ve en escena es una gran división con siete puertas por las cuales los personajes entran y salen al ritmo de «Cuánto le gusta», una canción inmortalizada por Carmen Miranda, que evoca los enredos amorosos que se exponen en A Date with Lucy, película basada en un programa de radio famoso de los años cuarenta. Aunque inicialmente este recurso podría parecer innovador, su impacto se desvanece en la medida en que avanza la historia por su carácter repetitivo. El concepto de que la vida es una representación está muy presente de principio a fin: en los movimientos bruscos de los actores en los diálogos, en el juego del abrir y cerrar puertas que muestran el «tras bambalinas», en ese leit motif de Carmen Miranda, en la constante ruptura de la cuarta pared tanto con el juego de luces como con la entrada y salida de los personajes por los pasillos o por entre las butacas.

Quizás, para las nuevas generaciones que no hayan experimentado la puesta en escena de La vida es sueño, este enfoque pueda resultar atractivo. Pero, para los que hemos tenido otras experiencias, nos queda el sinsabor de una obra en la que no se capitalizó el enorme talento de los actores, sobre todo del protagonista, Alfredo Noval. La obra se plasmó en dos dimensiones. Dicho de otra manera, el dilema de Segismundo requiere de una profundidad que no se vio en escena, y esa falta incomodó a muchas personas del público.

Quedan, entonces, tres preguntas por hacer: ¿montar un clásico presupone satisfacer las expectativas del público o movilizarlo hasta el desasosiego? ¿Para qué aplanar la voz de Calderón de la Barca, cuando su mayor belleza se manifestaba en el juego de relieves? ¿Innovación pura, o, simplemente, desequilibrio?


Ficha de la obra

Autor: Calderón de la Barca

Adaptación y dirección: Declan Donnellan y Nick Ormerod

Elenco: Ernesto Arias, Prince Ezeanyim, Rebeca Matellán, Manuel Moya, Alfredo Noval, Goizalde Núñez, Antonio Prieto, Ángel Ruiz, Irene Serrano

Diseño de escenografía y vestuario. Nick Ormerod

Asistencia de dirección: Josete Corral

Diseño de iluminación: Ganecha Gil

Diseño de sonido y composición: Fernando Epelde

Asesoría de dramaturgia: Pedro Villora

Movimiento: Amaya Galeote

Intérprete Juan Ollero

Dirección técnica: Oscar Sainz

Producción ejecutiva: Elisa Fernández

Dirección de producción: Miguel Cuerdo


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