© 2017 Nuria Gómez Belart 

La Pilarcita

20.11.2015

En las tradiciones monoteístas el concepto de la fe suele ser representado como la llama de una vela, que puede agitarse, puede agrandarse o hacerse más pequeña, pero que jamás se apaga.

 

En La Pilarcita, obra escrita y dirigida por María Marull, se plantea, a partir de una cuestión de fe, un nudo de conflictos de tres personajes presentes y uno en ausencia, que se va desplegando hasta desenlazarse por completo. La escena transcurre en un escenario visible y muchos espacios sugeridos. Se trata del patio de la hostería que regentea Celina (Paula Grinszpan), una chica que pronto irá a la ciudad a estudiar Medicina, y que ya no quiere estar en ese pueblo.

 

Celeste (Lucía Maciel), su amiga, vive con gran ilusión el festejo de la Pilarcita, una figura religiosa local que realiza milagros. Para esa noche, se organiza una celebración y ella será una de las comparseras. En realidad, ella busca ser la estrella de la comparsa. Entre ensayo de pasos, bordados y chusmerío, la chica muestra con su don de gente, su candidez y la curiosidad típica ante la llegada de los «de afuera» que vienen a pedirle a la Pilarcita por sus males.

 

Los únicos huéspedes del hotel son Selva (Luz Palazón) y Horacio, quienes llegan desde Santa Fe para ver a la Pilarcita. Horacio está todo el tiempo en la habitación, porque no soporta el calor ni la humedad, que hacen del ambiente un verdadero infierno.

 

El hermano de Celina, Hernán (Julián Kartun), que ya vive en la ciudad, vuelve para participar del concurso de Compuesto Correntino en la fiesta de La Pilarcita, y en la historia funciona como una especie de narrador de espacios «in absentia», una suerte de corifeo, pero con modismos del litoral.

 

La obra es como una gran estampa, una gran postal de un típico pueblo del litoral, donde la atmósfera parece convertirse en una eterna tarde de verano sofocante, incluso, cuando ya es de noche. Uno de los aspectos más destacables de la obra es el manejo de los modismos con cadencia provinciana, que Marull supo recrear en el texto.

 

Según la tradición, antes de pedir un milagro hay que ofrendar una muñeca de tela, especialmente hecha para la ocasión. Entonces, Selva le encarga a Celeste que la ayude a confeccionarla. Entre ellas nace una amistad fuera de lo común que las hará crecer y madurar, cada una a su modo.

 

Como todo ritual implica una metamorfosis, Celeste y Selva, que participan en la celebración, caen en la gracia del milagro: se transforman y cambian sus destinos. Algunas llamas arden más fuerte, otras varían su intensidad, pero solo una se extingue.

 

Ficha de la obra
Dramaturgia: María Marull
Actúan: Paula Grinszpan, Julián Kartun, Lucía Maciel, Luz Palazón
Vestuario: Jam Monti
Diseño de espacio: Jose Escobar, Alicia Leloutre
Asistencia de vestuario: Betina Andreose
Asistencia de dirección: Sofía Salvaggio
Prensa: Carolina Alfonso
Producción: Natalia Di Cienzo
Dirección: María Marull
Teatro: EL CAMARÍN DE LAS MUSAS – Mario Bravo 960

 

Esta reseña se publicó el 20 de noviembre de 2015 en La Cazuela

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