© 2017 Nuria Gómez Belart 

La historia del supuesto o la imbricación de realidades en la obra de Alejandro Segura

11.8.2015

"El aleteo de una mariposa se puede

sentir al otro lado del mundo" (proverbio chino)

 

 

 

¿Cuántas veces nos hemos preguntado qué hubiera sido de nuestras vidas si hubiéramos tomado otro rumbo? ¿Seríamos los que somos ahora? ¿Tendríamos a nuestro lado a las personas que nos rodean hoy? ¿Tendríamos las mismas heridas y celebraríamos los mismos logros?

 

Si bien no podemos saberlo con certeza absoluta, muchos investigadores de diversas especialidades han ofrecido respuestas. Entre ellas, las más sólidas y, a su vez, más conocidas son las teorías de la Física Cuántica. Sin embargo, en la literatura existen numerosos textos en los que se crean mundos que podrían existir, historias que podrían ocurrir, historias que ocurrieron a las que se les incorporan supuestos, creaciones nacidas de la imaginación del escritor.

 

El presente trabajo tiene por objetivo explicar el modo en que Alejandro Segura, Profesor en Historia (UBA) presenta en sus novelas y nouvelles, la realidad de ficciones construidas sobre la base de la historia del supuesto o la historia de los mundos paralelos. Como un guiño para el lector, Segura compone tramas con un alto grado de datos referenciales que no son reflejo de una realidad conocida, sino que desconcierta y genera la duda sobre aquello que se tiene por sabido.

 

Partiendo de obras como El romance del Perón y de la Evita (2011), Jesús era bipolar (2014),  La venganza de Facundo (inédita), se analizará el modo en que este autor compone el principio de realidad y de ficción.

 

 

 

Los disparadores de la historia y el gato de Schrödinger

 

No todos los escritores responden a los mismos estímulos y los disparadores suelen ser disímiles. En las tres obras mencionadas, cada disparador reside en un hito de la historia.

 

En el caso de El romance del Perón y de la Evita, el punto de partida para la composición parece ser la carta que escribe el Coronel Perón a su «adorable tesoro», el 14 de octubre de 1945, desde la cárcel de la isla Martín García. Entre palabras cariñosas, le prometía un futuro alejado del mundo de la política:

 

… tan pronto salga de aquí, nos casaremos y nos iremos a vivir en paz a cualquier sitio […]. Díle, por favor, a Mercante que hable con Farrell para saber si autorizan que nos vayamos a Chubut […] nos casaremos al día siguiente y si no, ya lo arreglaré todo de una manera u otra (Perón, 1945).

 

Todos sabemos que Perón continuó su vida política hasta el fin de sus días. Sin embargo, Segura creó una historia sobre lo que pudo haber ocurrido si se cumplía la promesa (o el deseo) de lo escrito en esa carta.

 

Es importante detenerse un momento en el modo en que se desarrolla esta articulación que puede ser estudiada desde la paradoja del gato de Schrödinger.  

 

Erwin Schrödinger, en 1935, realiza un experimento en el que encierra a un gato en una caja opaca en la que también hay veneno. Hasta tanto no se abra la caja, existe la posibilidad de que el gato esté vivo tanto como de que esté muerto. En el mundo visible, el gato estará o vivo, o muerto, pero en la potencialidad, existen ambos desenlaces.

 

Esta potencialidad es la que sirve de disparador para crear una ficción que si bien presenta matices realistas, atenta contra el principio de verosimilitud y crea un conflicto con el pacto de suspensión de la incredulidad establecido con el lector, al punto de vacilar y desconfiar, incluso, de los hechos que realmente están documentados. Tal es el caso de la génesis del GOU, Grupo de Oficiales Unidos, responsables del movimiento golpista del 4 de junio de 1943, que terminó con el gobierno de Presidente Castillo. En la novela de Segura, se llama también a esta sociedad «secreta» como el «Grupo de los Cariados de los Miércoles» o el «Grupo del Odontólogo». 

 

La reacción de muchos lectores ante esta parte de la novela es de desconfianza, porque es poco creíble o, si se quiere, poco aceptable que, en la sala de espera, en el consultorio del doctor Landajo, los militares planificaran una revolución. Lo cierto es que esta «casualidad», la coincidencia de los días en que este grupo de militares se atendía con Landajo, fue la que dio inicio al movimiento. Segura describe cómo se formó el grupo:

 

Los días miércoles por las mañanas el doctor Landajo solía jugar al Golf. Pero su inveterada costumbre de dar turnos mañana y tarde producía serios problemas en su consultorio. La gente se atestaba en la sala de espera,  por horas, imagínese usted señora la situación.

 

Esta conducta de Landajo motivó que los pacientes,  ya en el mes de diciembre de 1942, tuvieran como costumbre,  además de quejarse, atacar,  por así decirlo,  la cocina y la alacena de la casa de Landajo,  pegada al consultorio,  donde se proveían de dulces,  galletas y otros suministros que solían compartir en una mateada de camaradería, porque si a Landajo no le importaba la dentadura de sus pacientes de los miércoles por la mañana, éstos no van a dejar de utilizarla,  caries mediante. Éste fue el primer antecedente de la Revolución del Odontólogo,  que así se conoce la gesta, poco patriótica, nos animamos a decir, del 4 de junio de 1943 (Segura, 2011, pp. 60-61).

 

Esta inestabilidad que siente el lector, entre lo que fue (documentado) y lo que pudo haber sido, se asemeja a la vacilación típica de los relatos fantásticos, pero con la diferencia de que aquí una de las realidades está implícita y no necesariamente se observan hechos sobrenaturales. La irrupción de lo que podría ser considerado fantástico reside en el hito donde Segura plantea el problema de la potencialidad.

 

¿Qué ocurre con Eva y con Perón? Lo que pasa en toda historia de amor, se casan, tienen un hijo, y continúan sus carreras políticas hasta pasar los cien años de vida.

 

 

 

¿Y si el pasado se hiciera presente?

 

En el caso de Jesús era bipolar, el disparador tiene un origen distinto. Aquí la base de la historia es el Evangelio según San Marcos, pero en lugar de ser recreada en la Antigüedad, es traída al presente, y a Buenos Aires. La obra está narrada por Marcos, un taxista del barrio de Almagro, que decide dejar por escrito, la historia de este hombre que dice ser el hijo de Dios, pero que fue diagnosticado con trastorno bipolar por Tomás, un médico psiquiatra:

 

El médico que lo ve, un tal Tomás, le pregunta: ¿cómo te llamás? Y, obviamente, el Jesús le dice, muy suelto de cuerpo: Dios, o el hijo de Dios, que viene a ser lo mismo. No, pibe, no sos Dios. ¿Y si no soy Dios, quién voy a ser? -le dice el Jesús-. Y el Tomás le contesta: si nos conformamos con ser Jesús, estaríamos todos bien. Y sí, claro -le contesta el Jesús-, si todos fueran Jesús, el mundo andaría fenómeno. Y Tomás, medio que se empieza a calentar. Escuchame, pibe, vos, ¿qué tomás? Yo no tomo nada. ¿Alcohol? No, señor. ¿Drogas? No. Bueno, mirá, yo te voy a dar unas inyecciones y después hablamos. La cuestión es que el Jesús arma un quilombo bárbaro en la clínica psiquiátrica. Mercaderes, los voy a sacar a patadas del templo de Dios, y esas cosas. Pero los médicos y las enfermeras le sonríen, lo agarran fuerte, y lo atan a una cama.

 

Jesús es un artista, un hombre que con su obra mueve al mundo. Y aquí surge la pregunta: ¿Qué pasaría si Jesús de Nazareth fuera Jesús de Buenos Aires? Segura invita al lector a jugar con la imaginación y con los saberes sobre el Evangelio de San Marcos y crea una ficción basada la posibilidad de que el Hijo de Dios esté en Buenos Aires, en Nueva York, en París, acá y ahora. Ante el escepticismo propio de los tiempos actuales, es un desafío probar que Jesús vive entre nosotros y que no se trata de una avivada porteña, ni de chantada, ni  de locura. Dejando a un lado las acciones malintencionadas y teniendo en cuenta que se tratara de una persona cuyas facultades mentales estuvieran alteradas, el delirio místico es un punto recurrente en las personas que padecen trastornos como la bipolaridad. Pero, resulta imposible demostrar lo contrario: ¿cómo se prueba que realmente es el Mesías?

 

Marcos relata la historia de un artista, sobre un hacedor de milagros que ha venido a este mundo para salvarnos. Entonces, las manifestaciones de fe se realizan a través de la clásica forma de expresión popular porteña: las marchas. Miles de seguidores acompañan a Jesús y transmiten la Buena Nueva a los demás.

 

Algunos creen en su palabra, creen en él con una fe incuestionable; otros desconfían de sus milagros y justifican, con la razón, cada hecho sorprendente; también están los que simulan creer en él por un mero acto de conveniencia.

 

En este punto, Segura logra un efecto de atemporalidad. Los personajes que participan en la historia y que acompañan a Jesús son, o bien, celebridades, como Woody Allen o Susana Giménez, o bien, personajes bíblicos, como «el Pedro», «la Magdalena», «Don José» y «Doña María», pero en cuanto a estos últimos, les atribuye características porteñas para crear un efecto de verosimilitud, los actualiza:

 

Sus viejos, Don José Garay y Mendoza y Doña María de la Concepción Divina de Garay y Mendoza, tenían un piso en Avenida del Libertador, y viajaban dos o tres veces por año a Europa. Era gente pudiente, pero gente bien. Tampoco hacían ostentación de su riqueza, era gente bien, dice mi amigo el padre Antonio, bien, en el buen sentido de la palabra, no bien en el sentido de que eran unos chetos imbancables.

 

Lejos de una posición de burla o de herejía, Segura busca que, en el lector, surja una pregunta fundamental: ¿Cuántas veces, en la Historia de la Humanidad, nos hemos ubicado en esa posición escéptica y nos perdimos la posibilidad de conocer, en persona, al Hijo de Dios? ¿Cuántas veces supusimos que se trataba de locura, cuando lo que se esperaba de nosotros era un simple acto de fe?

 

La historia escrita de lo que no fue. Quiroga y el vuelo de la mariposa

 

Desde la década de 1980 hasta el presente, hubo un fuerte movimiento revisionista que cuestionó lo que era tomado por verdadero en los documentos de la Historia Argentina. Como la historia se escribe por quien la interpreta y no siempre la intención es documentar lo sucedido, es común que existan diferentes narraciones sobre los hechos. Tenemos en nuestro acervo cultural innumerables casos de saberes que aprendimos en un momento de una manera, y después descubrimos que «no era tan así». Sin entrar en tecnicismos, basta mencionar el caso del caballo blanco de San Martín con el cual no cruzó los Andes, el poncho de Urquiza al llegar a Buenos Aires tras la caída de Rosas, que según Ibáñez era blanco y que, en otros manuales, es rojo punzó, o la tendencia de nuestros próceres de morir pobres y habiendo dado todo, incluso los bienes materiales, a la Patria.

 

Como Segura es, aparte de escritor, historiador, es probable que esta crisis de saberes en términos generales lo haya conducido a crear su primera nouvelle, anterior a las otras mencionadas, pero que aún no ha sido publicada, La venganza de Facundo.

 

Esta historia, a diferencia de las otras, es narrada por su protagonista, Facundo Quiroga, quien le habla a un biógrafo sobre lo que ocurrió tras el episodio de Barranca Yaco, donde no murió, así como tampoco murió Ortiz, a quien postulaba como gobernante y que esperaba que llegara a ser Presidente.

 

Quiroga, en el momento de narrar es un hombre ya mayor, ahora amigo de Sarmiento, su biógrafo a quien le pide que si va a contar la historia de su vida, que lo mate en Barranca Yaco, porque el resto, no es relevante.

 

Así se genera una crisis en lo que se tiene por sabido de la historia, se desconfía de la «verdad» de los documentos y vuelve a plantearse el problema de la potencialidad. Si bien, se desarrolla de un modo similar al del Romance…, aquí queda expuesta la potencialidad de un modo más alejado de la realidad documentada. Es lo que se conoce como el efecto mariposa, es decir, la idea de que, dadas una serie de condiciones iniciales de un determinado sistema dinámico y caótico, cualquier pequeña discrepancia entre dos situaciones, con una pequeña variación en los datos aportados en un comienzo, permitirá llegar a situaciones donde ambos sistemas evolucionan en formas diferentes.

 

En otras palabras, cuando Segura decide que Quiroga no debe morir en la narración y debe ser él quien cuente su propia historia, Sarmiento no escribe Facundo (hasta la muerte en la ficción), Ortiz es Presidente, Quiroga se casa, tiene hijos, viaja por el mundo, vive en una casa en San Fernando, y ve el progreso del que tanto hablaban otros, los unitarios, sobre todo. Hasta podría llegar a decirse que Quiroga y Sarmiento se convierten en grandes amigos y se admiran mutuamente.

 

Esta escisión entre lo que leímos que ocurrió y lo que el personaje describe, permite al autor plantear una reflexión sobre los valores, el progreso, la idea de Patria, y repensar la actualidad de nuestro país.

 

 

 

A modo de conclusión, el problema de la atopía

 

Este tipo de narraciones plantean un problema en su clasificación. En lo que se refiere a una tipología de géneros, si bien no hay muchos estudios orientados a esta problemática, existen varios autores que apelan a esta forma, y todos ellos manifiestan en sus obras un rasgo común en todas las obras de este estilo: la historia de lo que no ocurrió y el principio de atemporalidad.

 

Como ya se señaló, Segura compone tramas con un alto grado de datos referenciales, propio de su formación como historiador. Pero a diferencia de los esperable, estos datos instalan la duda, invitan a la reflexión y mueven a una actitud cuestionadora sobre aquello se toma por cierto.  Es una nueva forma de escribir literatura que tuerce las líneas de la expectativa. Una forma híbrida entre lo ocurrido y las suposiciones de la potencia.

 

 

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