© 2017 Nuria Gómez Belart 

Roberto Porzio - El compañero del Blues

Desde los siete años tocó el piano, en la adolescencia estudió guitarra clásica y, al poco tiempo, se encontró con el Blues. A partir de una sólida base técnica, se introdujo en la música negra viendo a los músicos en vivo y escuchando sus discos, y buscó acercarse a la magia que ellos tenían para tocar: «Por más que ellos toquen el mismo acorde que uno puede hacer, le dan un ataque diferente o tienen una manera de pulsar distinta y eso te cambia todo», comentó.

Su carrera profesional tuvo inicio en 1998. En esa época, tocaba con Mauro Diana y juntos hacían covers de Pappo y de Muddy Waters en el Blues Special Club, lugar en el que comenzó todo.

Adrián Flores pudo convencerlo para que se dedicara definitivamente a la guitarra. «Me subió al escenario y me hizo tocar la guitarra. Desde entonces no la pude dejar».

Por tres años, estuvo en la Blues Special Band acompañando a las grandes leyendas de los

Estados Unidos: Eddie King, John Primer, Eddie C. Campbell, Billy Branch... Luego llegaron las oportunidades de viajes y la formación de Easy Babies.

Con muchas expectativas para este año que comienza, Roberto Porzio cuenta que va por más: la grabación de un disco, shows, clases. Un año lleno de Blues.

 

¿Por qué elegiste el Blues como espacio para la expresión?

El Blues cuando te atrapa es una enfermedad. «No hay escape», como dice Muddy

Waters. No sé qué estaría haciendo si no hubiera sido atrapado por el Blues. Es una música que tiene mucha sinceridad y mucha simpleza, no hay cosas extrañas, ni sonidos raros: es la guitarra, uno y lo que se tenga que decir. Todo se transmite: la rabia, si estás bien o mal, todo lo pasás al instrumento. Es más, ni siquiera importa qué estructura tenga, si lo sentís y lo expresás, ya es Blues.

 

¿Cómo llegaste a definir tu estilo? ¿Tenés algún referente que te haya marcado en tu forma de tocar?

Nunca pude hacer como los otros guitarristas. Si bien puedo sacar notas o copiar a otros, nunca pude tocar nota por nota un solo de B. B. King o deAlbert Collins. Siempre busco la manera de hacer lo mío.

 

Eso puede ser una virtud o un problema, a veces... ¿vos como lo vivís?

Lo considero más una virtud, porque eso te lleva a incorporar tu estilo. Mirar la parte técnica, qué y cómo lo está haciendo es una parte del recorrido; pero después hacerlo de la forma que sea a tu manera, que salga del corazón.

 

¿Y con tu formación clásica no tuviste problemas para adaptarte?

Siempre uno tiene que tener una técnica y adquirir un vocabulario musical, en eso me ayudó mucho observar a los otros. Además de estudiar guitarra, estudié muchos años de piano y de armonía con el profesor Lito Baez. Tener una formación musical siempre ayuda, pero después en el Blues necesitás los oídos atentos y ya la técnica te lleva a hacer los recorridos naturalmente.

 

Uno de los recursos que mejor desarrollaste es el slide. ¿Cómo lo incorporaste?

El slide lo conocí con Johnny Winter, que hacía un tema de Robert Nighthawk, I’m Gonna Kill My Woman. Cuando lo vi me quedé desconcertado, me partió la cabeza, porque nunca había escuchado hablar de slide. Fue como una iluminación. Me puse de lleno a investigar cómo se tocaba con slide, cómo sacar el vibrato... Estudié a quiénes eran los maestros del slide, desde Robert Nighthawk, Earl Hooker, MuddyWaters, Rolling Stones...

 

¿Cómo era tu circuito de investigación cuando no era tan accesible la información?

El parque Rivadavia y el programa de Adrián Flores, Blues Special, hora cero, por radio del Plata. Cuando querías buscar material sobre Blues, tenías que ir al parque, ahí descubrías los discos, conocías gente, hablabas con músicos que estaban en lo mismo. Como no había Internet, ahí estaba todo.

 

¿Cuál fue el estilo por el cual entraste a la música afroamericana?

Empecé tocando Country Blues, me gustaba muchísimo tocar con las afinaciones abiertas. Los que más me cautivaron fueron Mississippi Fred McDowell, con ese slide llorón, y Lightnin. Hopkins, con esa voz y la guitarra afinada medio tono abajo, en mib, que produce un efecto increíble. Aparte, fue el que me llevó al shuffle, con temas como Mojo Hand.

 

¿Y cómo llegaste al Blues Eléctrico?

La mayoría de los músicos tocan Blues Eléctrico, entonces tuve que adaptarme. Tengo que reconocer que me costó porque tuve que aprender otras maneras de tocar. Si bien Lightnin. Hopkins tenía una forma parecida, Fred McDowell era muy distinto, afinaba abierto. Entonces había que ahondar en las maneras de tocar de otros músicos.

 

¿Quién fue tu maestro o tu referente en esta etapa del aprendizaje?

Básicamente aprendí con John Primer y sobre todo con armonicistas como Little Walter, quien tuvo dos guitarristas: Robert Junior Lockwood y Louis Myers, los maestros del acompañamiento en Chicago de los años ‘50.

Estuve seis meses escuchando un casette que tenía de un lado John Primer y del otro lado tenía los éxitos de Little Walter... hasta que me salió la rítmica, fui cambiando el estilo y ahí pude tocar algo más moderno, cambiar esto de la afinación y tocar una guitarra normal sin miedo a equivocarme. Suena raro ahora, pero aprendí escuchando y pasando los cassettes «para atrás y para adelante».

 

¿Cómo le transmitís esos conceptos que vos aprendiste a los alumnos?

Primer o trato de que piensen que cuando uno está tocando un tema, uno hace la mayor parte del tiempo la guitarra rítmica, quiero decir, nadie hace solos todo el tiempo. Es más, el solo es un 10% del tema. Uno se endulza con los solos cuando los reflectores te iluminan y sos la estrella, pero después, si la música no tiene un sustento es como un castillo de arena que se viene abajo.

Es más explosivo ver al que está adelante, pero los que están atrás son los que les dan la forma para que el que esté adelante suene mucho mejor. Por eso es tan importante, aunque no se note mucho.

 

En realidad se nota si no está...

Claro, muchos chicos que quieren aprender se obnubilan con el solo, y después cuando tienen que acompañar al músico que está al lado empiezan los silencios.

 

Teniendo en cuenta tus conocimientos en música y tu formación en el conservatorio, ¿cómo hacés para conjugar todo eso en una clase de Blues?

El Blues, si bien no es académico tiene su parte rítmica, su parte armónica que deben ser respetadas y tiene una estructura que debe ser estudiada. El Blues no sólo es una pieza en cuatro tonos y con un ritmo de shuffle, hay muchas formas de tocar, muchas maneras de darle ritmo... El que tiene una formación académica, llega más rápido a entenderlo.

 

¿Y no corrés el peligro de que el Blues se vuelva cerebral?

No, porque una vez que uno conoce el recorrido, te dejás llevar. Depende de cómo te sientas ese día... por eso decía antes que el Blues es del corazón. El camino, el recorrido musical es siempre lo mismo pero cada uno lo muestra de manera diferente.

Se puede aprender de muchas maneras. Solamente por oído es un poco limitado.

Cuanto más sepas de armonía, de acordes, de ritmos, por más que no los toques, se te meten en la cabeza y hacen que vos toques de una manera distinta. Es una internalización que uno hace y que enriquece el estilo. Después uno elige qué hacer cuando está tocando.

 

Con respecto al famoso tema de los equipos y la guitarra. Hasta dónde buscás la marca o el modelo...

En realidad, siempre un buen instrumento es un buen instrumento. Creo que está sobrevaluada la idea del equipo. Es cierto que el sonido cambia, pero tu forma de tocar o lo tengas para transmitir va a ser igual con una guitarra de cien pesos o una de un millón. Si tocás bien y con presencia, si tenés algo para decir, no necesitás ningún equipo extraordinario. Las notas y la expresividad son lo importante, nada más.

 

¿Qué es el Blues argentino?

No hay Blues argentino, el Blues es una música norteamericana. Lo que sí hay son canciones en castellano con estructura de Blues. Es como decir Tango japonés o francés. El Tango es uno solo, nada más que algunos lo cantan en el idioma propio, pero siempre siguiendo una estructura. Es más, muchas canciones tienen un acorde de Blues, un condimento de Blues, pero no es Blues propiamente dicho. Es importante poder distinguir eso.

 

Vos que pasaste por toda esta época de Blues Special hasta ahora, ¿cómo ves el proceso del Blues en Argentina?

Es parecido a lo que pasa con otras actividades en el país, al haber pocos lugares para tocar, hay pocos lugares para difundir la música y cada vez se hace más cuesta arriba. En ese sentido, hay una suerte de involución. Pero también, con el auge de Internet, se puede conseguir mucho más material de Blues, incluso, de artistas antes desconocidos. También está la Escuela de Blues, en donde muchos ya tienen alguna idea de esta música y vienen a estudiar propiamente porque nos conocen a nosotros y saben que tenemos esta  experiencia de tocar tantos años... los chicos buscan eso.

De la escuela de Blues salen muy buenos músicos, pero, a veces, se ven imposibilitados

por esta situación de que no hay muchos lugares para tocar. Igual, siempre se puede hacer algo. Cuando le contábamos a Billy Branch sobre la situación en Argentina, él nos decía «no se preocupen porque siempre se pueden hacer las cosas, hay que buscar la forma, nomás», y tiene razón. Creo que, en algún punto, es así.

 

 

Roberto Porzio y la experiencia con un maestro del Blues, Billy Branch

 

Toqué con Billy Branch dos veces en Buenos Aires y dos veces en Brasil. Es un profesional de la armónica, un tipo estudioso. Estudió ciencias políticas, sabe mucho y, además, se dedica. Con él aprendés, porque te marca los errores, a diferencia de otros con los que tocamos y ya está. Él te dice qué hacés mal, te sugiere cómo hacerlo, te orienta... Es uno de los tipos con los que más aprendí, no sólo del Blues, sino de la vida.

Tocar con las bolas Con Billy Branch aprendí a tocar con el corazón y a dar el 100% en los shows y en los ensayos. En Brasil, cuando llegamos, estábamos medio cansados, y en la prueba de sonido, empezamos a tocar medio tímidos y, a los dos minutos, Billy Branch nos dice «¡No, así no! Hay que tocar con las bolas». Con Mauro Diana nos miramos y nos largamos a tocar en serio. «Así hay que tocar», nos dijo al final del tema. Es un tipo que quiere decisión, que vayas al frente cuando estás tocando, que estés y que puedas decir «yo soy éste y estoy acá». Esa fue la mayor enseñanza que me dejó.

 

 

Brasil

 

Una gran experiencia. Allá hay mucha más producción, los teatros son más grandes que los de acá... La música es la misma. En Brasil gusta mucho el Blues, uno aprende mucho estando con los músicos de allá. Fue increíble estar en una casa durante una semana con Billy Branch, desayunando, hablando cosas de la vida, metiéndose en el mar con nosotros. Hasta jugamos un partido de fútbol Brasil contra Argentina, y él jugó para Argentina. Después, le preguntamos a quién prefería si a Maradona o Pelé y él dijo «Obviamente, me gusta Pelé»... porque era negro, como él.

 

 

¿Una escuela de Blues?

 

Me acuerdo que se sorprendió cuando supo que existía la Escuela de Blues. De hecho, varias veces preguntó sorprendido «¿En serio tienen una escuela de Blues en Argentina? ¿Cómo puede ser? En Chicago no hay una sola escuela de Blues». De hecho, él tiene un proyecto que se llama «Blues in the school», toca con los chicos y los orienta. Han salido músicos muy buenos de ese proyecto.

 

 

Este artículo se publicó en Notas Negras, N.° 2, abril de 2009.

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