© 2017 Nuria Gómez Belart 

Ring

12.3.2017

 

Uno de mis fragmentos preferidos de El diario de Adán y Eva, de Mark Twain, es cuando ella dice: «Es mi juego, es mi deseo que podamos irnos de esta vida juntos: un deseo que nunca perecerá en la tierra, sino que encontrará un lugar en el corazón de toda esposa amante, hasta el fin de los tiempos, y que llevará mi nombre».

 

Amar es una suerte de juego deportivo, a veces es una carrera de obstáculos, a veces se acerca más a la lucha libre. En Ring, de Leonore Confino, dos personajes se presentan en una especie de tela-sábana, un espacio de exploración, o, si se prefiere, un ringside, y allí exponen en dieciséis escenas su relación.

 

Arielle (Rosario Audras) y Ariel (Diego de Paula) son como unos Adán y Eva posmodernos. Viven en tiempos en que las relaciones son lábiles y poco duraderas. Las emociones se precipitan y se contradicen: los reclamos, las inseguridades, la entrega momentánea pero absoluta, el fastidio, el vacío que mueve al abrazo, todo se confunde en un solo sintagma: relación de pareja.

 

Ring propone un doble juego. Por un lado, el público es testigo de las tensiones y del amor entre ambos personajes; por otro, surgen las reflexiones sobre el comportamiento humano en los últimos tiempos: amar se ha convertido en un aparato de exigencias imposibles de satisfacer por otro, y, desde el comienzo de la relación, se augura un destino roto, que, probablemente, condene a los amantes a la soledad, y, allí, seguramente, reconozcan, parafraseando a Mark Twain, que dondequiera que el ser amado estaba, allí era el Edén.

 

 

Ficha de la obra

Autoría: Leonore Confino

Versión: Kado Kostzer

Actúan: Rosario Audras, Diego de Paula

Dirección: Catherine Schaub

EL PORTON DE SANCHEZ - Sánchez de Bustamante 1034

 

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