© 2017 Nuria Gómez Belart 

Como si pasara un tren

21.7.2017

 

La idea de pedir un deseo y esperar que se cumpla puede parecer un tanto inocente. Pero lo cierto es que nuestra cultura tiene arraigado el pensamiento mágico. Pedimos deseos cuando soplamos las velitas, cuando nos encontramos una vaquita de San Antonio, cuando se nos cae una pestaña, cuando vemos una estrella fugaz… Lo difícil es saber cómo pedir: hay veces en que no está claro aquello que se desea; hay veces en que la concreción depende de otros, y, por la razón que fuere, no nos animamos a decir a viva voz qué queremos.

 

«Como si pasara un tren», de Lorena Romanín, es una comedia dramática que plantea el problema de la vulnerabilidad de los vínculos entre una mamá y su hijo. Juan Ignacio (Guido Botto Fiora) es la inocencia encarnada, y Susana (Silvia Villazur) siente el miedo entendible de la madre de un chico diferente a los demás.
 
La llegada de Valeria (Luciana Grasso), una sobrina de Susana, quiebra la rutina y crea el espacio para la crisis. Equivocaciones, secretos, deseos silenciados en un tren de juguete, todo se descubre cuando la mirada ajena interviene desde la más pura ingenuidad. Valeria siembra en Juan Ignacio el impulso para ser un poco más libre, aunque implique el costo herir o confrontar a Susana.
 
Una de las facetas más encantadoras de esta comedia reside en los defectos de los personajes: una mamá temerosa y sobreprotectora; una adolescente, que cree tener las respuestas para todo y se choca por primera vez con una realidad diferente a lo conocido, y un chico en el cuerpo de un muchacho que, por amor a su mamá, acata los mandatos, pero se muere de ganas por salir a la aventura. Entre los personajes, se crea una trama donde las ilusiones, la música de Rita Pavone, una computadora sin WiFi y muchos juguetes son los recursos que dan calor de hogar a los conflictos.
 
Aprender sobre lo esencial duele, pero es un dolor necesario para poder alcanzar aquello que deseamos. «Como si pasara un tren» habla sobre la construcción de las relaciones y los afectos construyen a partir del amor, sobre la base del perdón y el respeto para que cada uno pueda ser y hacer con su deseo: si deseamos algo, a veces, solo tenemos que pedirlo. Y no es magia ni nada parecido, es así como funciona la vida.
 
Ficha de la obra
Dramaturgia: Lorena Romanín
Actúan: Guido Botto Fiora, Luciana Grasso, Silvia Villazur
Vestuario: Isabel Gual
Escenografía: Isabel Gual
Diseño de luces: Damian Monzon
Realización escenográfica: Estudio Werkplatz
Asistencia de dirección: Mariano Mandetta
Prensa: Carolina Alfonso
Producción: Casandra Velázquez
Coreografía: Juan Branca
Dirección: Lorena Romanín
El Camarín de las Musas – Mario Bravo 960

 

Esta reseña se publicó en La Cazuela
 

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