© 2017 Nuria Gómez Belart 

Padre Pedro

1.3.2019

 

En la historia de la humanidad, muchas atrocidades se hicieron en el Nombre del Padre: matanzas, violaciones, guerras… Si bien la Iglesia Católica ha intentado separarse de las antiguas formas de construir la religión, la imagen de una institución en crisis parece una constante de los últimos seis siglos.

Padre Pedro, de José Ignacio Serralunga y dirigida por Matías Gómez, cuenta la historia de Dante —en la piel de Ricardo Torre—, un muchacho religioso a su manera, que no controla su ira y golpea a su mujer, y de su confesor, el Padre Pedro —en la piel de Jorge Fernández Román—, un sacerdote que fue «reubicado» en este pueblo a causa de ciertas irregularidades en su antigua gestión. Ambos personajes interactúan en una suerte de ringside de fe, donde se cuestionan algunos preceptos y mandatos que componen el Dogma, pero también el modo en que algunos creyentes justifican sus acciones a partir de la Palabra de Dios, incluso, se resguardan en ella para limpiar las manchas y librar la conciencia de toda culpa.

La obra se compone de un entramado de símbolos y de alusiones que resignifican la historia en una trama más compleja. Los nombres, por ejemplo, marcan el rumbo de los personajes: Dante inicia un descenso a un Infierno personal, signado por la ira y la impotencia; Ángeles, ausente e incorpórea encarna el sufrimiento de más de uno y carcome la base de toda la estructura religiosa, y Pedro es la piedra donde se construye la institución con sus formas espurias y una aparente solidez. El escenario, un cuadrilátero que contiene un templo deconstruido, es el espacio de la confrontación en busca de la verdad de los hombres, desde perspectivas opuestas, desde el lugar del dominante y del dominado, desde el victimario y de la víctima. Y en esa confrontación se manifiesta el caleidoscopio humano que compone de forma equivalente cada personaje.

Jorge Fernández Román y Ricardo Torre, en un impecable trabajo actoral, se transforman en personajes que cualquiera podría conocer: son reales en sus miserias, monstruosos y sufrientes, llenos de una fuerza impotente que los lleva a actuar en un juego de ataques, defensas y ocultamientos  tan característico en el boxeo.  

Padre Pedro retrata la relación de dos hombres vacíos que buscan «ser», aunque eso signifique perder lo que los definía. En un mundo donde la fe, la verdad y la identidad tambalean, los contendientes luchan en un diálogo entre el pasado y el presente, el afuera y el adentro, el amor y el odio, el saber y la ignorancia, y una gran carencia compartida.

 

Ficha de la obra

Dramaturgia: José Ignacio Serralunga

Actúan: Jorge Fernández Román, Ricardo Torre

Vestuario: Patricia Ramírez Barahona

Escenografía: Javier Parada

Iluminación: Ricardo Sica

Música original: Lukas Bustamante

Diseño gráfico: Verónica Martorelli, Valentina Marvaldi

Asistencia general: Julieta Korenman

Prensa: Kazeta Prensa

Producción ejecutiva: Mariana Zarnicki

Dirección: Matías Gómez

ESPACIO CALLEJÓN - Humahuaca 3759

 

 

Esta reseña se publicó en La Cazuela

 

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