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  • Foto del escritorJuan Manuel Encabo

La ventana del árbol y Ana Frank


Imaginemos por un momento cómo sería vivir en un mundo donde todos nuestros derechos son arrancados de raíz, donde somos discriminados y perseguidos por nuestra identidad, donde la vida cotidiana se convierte en un constante temor. Imaginemos vivir durante dos años en un pequeño cuarto húmedo y oscuro, sin comida caliente y sin un baño adecuado. Ahora, agreguemos un elemento aún más aterrador: la necesidad de escondernos, de ocultarnos de aquellos que desean acabar con nuestras vidas. Es una pesadilla que uno no quisiera experimentar jamás. Sin embargo, esta fue la cruda realidad para millones de personas durante el Holocausto, incluida la pequeña Ana Frank.

El Teatro Ana Frank nos ofrece una experiencia teatral única y conmovedora, con una producción que revive la historia de la familia Frank durante el Holocausto, y lo que hace que esta producción sea aún más impactante es la experiencia previa a la función: una visita guiada por el museo del teatro. Aquí, los espectadores tienen la oportunidad de sumergirse en la línea de tiempo de la historia del nazismo en Alemania y comprender la magnitud del horror. La visita proporciona un contexto histórico crucial que enriquece la comprensión de la obra. El archivo fotográfico es amplísimo, y es sorprendente la recreación del lugar donde la familia Frank se escondió durante los años de la guerra hasta su triste final.

La guía por el museo termina en una pequeña sala muy diferente donde una palabra rodea a los visitantes: democracia, un concepto tan naturalizado para nosotros que, a veces, olvidamos su importancia. La reflexión cobra relevancia cuando resuenan otros conceptos, como la libertad, la seguridad y la dignidad, que invitan pensar en el aporte que cada uno puede hacer para defender esa democracia que tanto costó construir.

La combinación de la visita al museo y la actuación en vivo provoca emociones poderosas en el público. La historia de Ana Frank cobra vida de una manera que va más allá de las palabras escritas en su diario. La ventana del árbol y Ana Frank, escrita por Gustavo Gersberg y dirigida por Marcia Alejandra Rago, nos sumerge en el oscuro y conmovedor mundo del diario de la valiente joven, utilizando extractos textuales para recrear cada momento de su tiempo en la casa de atrás.

Clementina Mourier interpreta a Eva, una estudiante de último año de secundaria a la que la profesora le ha dado una consigna libre: escribir un texto acerca de cómo a ella le gustaría que sus compañeros la recuerden en un futuro. Eva protesta por no saber qué hacer y por estar harta de la escuela, hasta encontrarse con el famoso diario que parece darle todas las respuestas que buscaba.

La obra es una conmovedora narración en primera persona que nos permite sentir la intensidad de los sentimientos de Ana mientras vivía escondida. Desde sus momentos de alegría y esperanza hasta los momentos de miedo y angustia, la actriz logra transmitir la complejidad de las emociones que Ana Frank probablemente experimentó durante ese período turbulento.

El teatro no es solo un espectáculo visual y escénico, sino también una experiencia multisensorial que se beneficia en gran medida del arte del sonido y las imágenes. El diseño de sonido en La ventaba del árbol y Ana Frank merece un elogio especial, pues desde el comienzo, el sonido es una parte integral de la narrativa. Los susurros lejanos, las explosiones repentinas y las sutilezas de la ambientación sonora se combinaron para crear un ambiente hipnótico que mantiene al público absorto en la trama.

Las pantallas con contenido de archivo también juegan un papel crucial. Estas proyecciones, utilizadas con precisión, no solo proporcionarán un contexto visual, sino que también evocan emociones profundas y agregan capas adicionales de significado a la trama, sin abrumar al público. Cada recurso se usa con sutileza, lo que permite que la historia y la protagonista sean el foco principal, mientras el clima y la inmersión se tejen de manera orgánica.

La ventaba del árbol y Ana Frank es un tributo emotivo y respetuoso a la memoria de Ana y a todas las víctimas del Holocausto. La actuación apasionada de la joven actriz y la experiencia previa en el museo hacen que esta obra sea una experiencia teatral tan impactante como conmovedora. Nos insta a mantener viva la memoria y a luchar por un mundo en el que nunca se repitan tales atrocidades.

El arte, en todas sus manifestaciones, es una poderosa herramienta para la expresión humana y, a menudo, se convierte en un medio de lucha política, de defensa de derechos y de construcción de la memoria colectiva. En esta experiencia, el teatro emerge como un escenario donde estas dimensiones se unen de manera excepcional, y nos recuerda que es un deber colectivo trabajar para un mundo en el que nadie se vea obligado a enfrentar el miedo y la opresión, y donde todos puedan vivir con la esperanza y la posibilidad de un futuro mejor.



FICHA TÉCNICA:

Autor: Gustavo Gersberg

Adaptación y dirección: Marcia Alejandra Rago

Idea Original: Héctor Shalom

Intérprete: Clementina Mourier

Voz locutor: Maximiliano Romero

Realización audiovisual: Samir Bitar

Asistente de realización audiovisual: Rocío Moser

Diseño del vestido: Carlos Di Pasquo

Diseño de iluminación: David Seiras

Asistente de dirección: Beatriz Mayorga

Producción general: Centro Ana Frank para América Latina

Prensa: Tehagolaprensa

Duración: 50 minutos

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