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Chicos Lindos


Siempre resulta difícil explicar y describir una obra de teatro experimental. En especial, porque tal vez lo escrito puede no coincidir con lo que otros vean de la obra. De todos modos, haré el intento de reseñar este experimento concebido y dirigido por Gabriel Gavilá. La obra comienza con seis chicos en shorts que forman como una montaña teñida de rojo. El séptimo, Nicolás Martín, es diferente no sólo por su vestuario, sino porque nunca forma parte del regimiento.

La obra propone la exploración sobre el «ser masculino» y el «ser hombre» cuando aún no se tiene la edad suficiente, así como también desafía los parámetros de la belleza de acuerdo con el canon occidental. Los seis chicos se comportan en grupo, pero mantienen sus individualidades. Si bien no hay jerarquías (no hay protagonistas en esta obra, sino agonistas), el que presenta al batallón es Diego Schmukler, y el único que queda afuera, apartado en un rincón, en una punta del banco, es quien no se mimetiza. Uno tras otro, los chicos hablan de su primer beso, su primera novia, qué significa ser lindo, cuáles son sus virtudes, sus peores defectos…

La exposición muestra digresiones, o si se prefiere, desviaciones que conducen a estos adonis a situaciones extremas. Entonces, los movimientos se vuelven protagonistas y desdibujan a quien lleve a cabo la acción. Con un juego de luces sencillo, pero efectivo, se generan diferentes climas que sirven de marco para retratar la belleza de los actores, para iluminar sus temores o sus paranoias, para ambientar las tensiones y las calmas.

Llama muchísimo la atención el trabajo corporal, la sincronización en las coreografías, la plasticidad en los movimientos de los siete agonistas que cambian constantemente de estado: pueden estar, en un momento, a punto de besarse, y, de pronto iniciar una pelea. Como en toda pieza de teatro experimental, es constante la interacción con el público: un gesto, una caricia, una mirada, preguntas… El espectador es parte de la obra en tanto ser que contempla sus figuras torneadas, en tanto ser que se somete a su belleza, en tanto ser atraído por la sensualidad ingenua de estos hombres-niños.

Lo mismo que los vuelve virtuosos es su condena. Ellos intentan mostrar qué hay más allá de sus músculos, de la mirada tierna o de la sonrisa cautivadora, pero todo perece ante el rótulo impuesto. Gavilá compone una obra única en su tipo y, a través de sus personajes, indaga sobre la estética y una pregunta tan antigua como la historia de Occidente, una pregunta que toma una forma particular y que podría ser llamada el dilema de Adonis: «ser o no ser un chico lindo».

Ficha de la obra Idea: Gabriel Gavilá Concepción: Gabriel Gavilá Actúan: Ezequiel Baquero, Jose Gimenez Zapiola, Nicolás Martín, Juan Ramallal, Matías Iván Rodriguez, Nicolas Sanchez Ricoy, Diego Schmukler Vestuario: Fernando More Asistencia de dirección: Pablo Rusconi Coreografía: Alexis Losada Dirección de arte: Gaby Aldave Dirección: Gabriel Gavilá Teatro: LA CASONA ILUMINADA – Av. Corrientes 1979

Esta reseña se publicó el 7 de septiembre de 2015 en La Cazuela


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© 2020 Nuria Gómez Belart