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Pequeños círculos


Los fantasmas de la conciencia son los peores enemigos. Sobre todo, cuando uno se sabe un escritor mediocre y las voces de sus obras fueron arrebatadas a los seres queridos que ya no están.

Pequeños Círculos es una comedia dramática sobre la dramaturgia, el amor y la muerte, que se presenta en el Espacio Callejón, todos los viernes a las 23.30. Es la historia de Albert —en la piel de Alberto Suárez— un escritor cuya fama se sustenta en las obras de las dos mujeres que marcaron su vida: Charlotte —encarnada en Débora Zanolli— y Sonia —encarnada en Margarita Molfino—. La obra se construye en escenas en las que los personajes modifican su principio de verdad, o si se prefiere, de realidad, y en consecuencia, ponen en jaque la percepción del espectador. Basta un ejemplo para clarificar lo dicho: en el comienzo, una entrevistadora cuestiona la fama y la trayectoria de Albert, al poco tiempo, se sabe que es Charlotte encubierta, y, poco después, que esta mujer ha muerto y que lo que está ante los ojos del público es un fantasma, un fantasma emergente de la conciencia del escritor.

Un recurso que se pone en juego en esta pieza es el del «doppelgänger», es decir, el doble. Los dobles se manifiestan en puestas en abismo, son imágenes especulares que anuncian lo que ocurrirá o explican lo que ya ocurrió. En el punto en que los dobles se encuentran se genera una crisis de temporalidad, un no-tiempo, en el que confluyen pasado, presente y futuro, y la recursividad consecuente no es más que la condena a un eterno retorno, que espera quebrarse, aunque sea, en la muerte.

En este caso, hay muchos dobles fantasmagóricos que aparecen en escena y que torturan la mente del artista: el pasado encarnado en el joven Albert –en la piel de Valentino Alonso—, el editor con el que hay que cumplir para no perder el trabajo –Agustín Mendilaharzu—, Sonia, Charlotte y la propia conciencia del escritor. Todos se vuelven independientes y no hacen caso de lo deseado por el creador. Dicho de otro modo, tal como se recrea en el tópico de la «Imitatio Dei» —la imitación del Dios—, las criaturas se revelan ante las imposiciones.

Al respecto, Prociuk, autor y director de Pequeños círculos, expuso el problema con claridad meridiana: «la verdadera dificultad de la escritura reside en dejar que esas fuerzas extrañas se manifiesten y tomen decisiones, en abandonar ideas preconcebidas para disparar palabras dictadas». Cuando los personajes se vuelven en contra de quien los ha creado, el artista vive en la angustia hasta tanto se libere de la locura o la presión que esa angustia conlleva, a un punto tal en que la muerte es una opción.

Parafraseando el Capricho n.º 43 de Francisco de Goya, la conciencia de la creación produce monstruos, y algunos son muy difíciles de llevar en esta vida.

Ficha de la obra: Dramaturgia: William Prociuk Actúan: Valentino Alonso, Agustín Mendilaharzu, Margarita Molfino, Alberto Suárez, Débora Zanolli Producción: Javier Torres Dowdall Colaboración creativa: Javier Daulte, Agustín Mendilaharzu, Margarita Molfino Dirección: William Prociuk ESPACIO CALLEJÓN – Humahuaca 3759

Esta reseña se publicó el 17 de octubre de 2015 en La Cazuela


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© 2020 Nuria Gómez Belart