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Rey Lear


Leer un clásico es una oportunidad de reflexionar sobre lo conocido y descubrir que es extraño, nuevo, e incluso, absurdo.

En el marco de la Temporada Alta, se presentó Rey Lear, de Rodrigo García quien reelaboró la obra de Shakespeare, desde la perspectiva que caracteriza sus puestas transgresoras. Descompuso el texto en temas tópicos y desarrolló, sobre esa base, una serie de soliloquios en los que algunos de los personajes que emulaban la tragedia shakesperiana exponen en hipérboles algunas de las ideas centrales.

El desprecio por la vejez, la locura de poder, los excesos, el despilfarro se articulan con los preceptos del mandato paterno y la codicia por la herencia. El estilo en que se presenta la trama juega con distintas estéticas, la mayoría con una impronta intencionadamente desafinada y decadente, reflejo de los tiempos en que vivimos.

En un escenario multimedia, diferentes estéticas se ponen en juego: un castillo inflable, centrales de respostería, un campo de batalla de una guerra de comida, todo se deconstruye en una metáfora sobre el sinsentido de las relaciones humanas.

Ficha de la obra Autoría: Rodrigo García Intérpretes: Maricel Alvarez, Anita Balduini, Cecilia Blanco, Camila Carreira, Mateo De Urquiza, Vanesa Del Barco, Federico Figueroa, Emilio García Wehbi, Pablo Seijo, Amalia Tercelán, Paula Trinanes Vestuario: Belén Parra Escenografía: Julieta Potenze Iluminación: Agnese Lozupone Video: Santiago Brunatti Música: Marcelo Martinez Sonido: Marcelo Martinez Diseño gráfico: Leandro Ibarra Asistencia artística: Julieta Potenze Asistencia musical: Vanesa Del Barco Asistencia de dirección: Paula Baró Arreglos musicales: Marcelo Martinez Producción ejecutiva: Julieta Potenze

Esta reseña se publicó en La Cazuela


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© 2020 Nuria Gómez Belart