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  • Foto del escritorJuan Manuel Encabo

Benito de La Boca


Transportarse al corazón palpitante de Buenos Aires, a un rincón que late al compás de la historia, del arte y la pasión desbordante. Es en este escenario, bajo los matices pintorescos de La Boca, se despliega el vibrante espectáculo teatral Benito de La Boca. Este musical es un homenaje sobresaliente, un monumento vivo que celebra la vida y obra del inmortal Benito Quinquela Martín, cuya presencia aún se siente entre las calles adoquinadas y los colores de esta comunidad portuaria.

El telón se alza para dar paso a un elenco numeroso, una amalgama de talentos musicales, dancísticos y actorales que brillan con una maestría que roza la perfección. Estos artistas, seleccionados tras audiciones abiertas, encarnan no solo a personajes, sino las esencias mismas del barrio y a su icónico pintor. Sus interpretaciones transmiten la devoción, el coraje y la visión de Quinquela Martín y llevan al espectador en un viaje fascinante a través del tiempo.

En la época en la que Quinquela Martín plasmaba sus icónicas escenas portuarias, su arte capturaba la vida bulliciosa y laboriosa del puerto. Conducidos por el relato de su amigo, el compositor Juan de Dios Filiberto (Rodrigo Pedreira). El elemento clave en la narrativa es la presencia de Julia, una guía turística (Belén Pasqualini), un personaje contemporáneo que desde la platea adopta el punto de vista del público.

La historia se remonta a 1890, cuando Benito fue abandonado en la Casa de Expósitos de Barracas. Las monjas que lo rescataron descubrieron un papel con su nombre de bautismo y la mitad de un pañuelo con una flor bordada junto al bebé. Se ve la infancia de Quinquela Martín junto a sus padres adoptivos, Manuel Chinchella (Francisco Cruzans), de origen genovés, y Justina Molina (Alejandra Perlusky), originaria de Entre Ríos. Se explora también su juventud como trabajador portuario. Este inicio crea expectativas sobre la representación del protagonista, encarnado por Roberto Peloni, un actor con una amplia gama de recursos y una larga trayectoria en el género teatral. Peloni presenta a un Benito realista, humano, pero también un soñador con una vocación clara.

Es imposible obviar el magistral trabajo escenográfico a cargo de Marlene Lievendag y Micaela Sleigh que, como pinceladas sobre un lienzo, recrea la atmósfera y los colores del La Boca de antaño. Cada escena es un cuadro en movimiento, una obra viva que evoca los paisajes portuarios inmortalizados por el genio de Quinquela. La dirección de actores a cargo de Juan Francisco Dasso y la dirección general de Lizzie Waisse son los hilos conductores que tejen esta narrativa cautivadora con destreza y pasión.

Benito Quinquela Martín, hijo de la humildad, desafió las convenciones y se erigió como un coloso del arte, y elevó su obra sin desligarse de sus raíces en La Boca. Sus palabras, como olas rítmicas, resonaban en el viento: «El arte es una creación colectiva». Su legado se funde con la historia del barrio, y captura la esencia de los trabajadores y la belleza intrínseca de La Boca.

Además, el escenario en el que cobra vida este magnífico espectáculo teatral, el Teatro de la Ribera, añade conmovedor matiz a la experiencia. Este recinto teatral, financiado por el propio Benito, es una manifestación tangible de su amor y compromiso con La Boca. El teatro respira el legado del artista, ya que sus paredes se encuentran adornadas con las gigantescas obras de Quinquela, y envuelven a la audiencia en un abrazo visual lleno de los colores que caracterizan al pintor. Sentarse entre estas paredes revestidas de arte potencia la conexión con la historia que se representa en el escenario. La atmósfera impregnada con la esencia misma del homenajeado transforma la experiencia en algo verdaderamente único y emotivo para el espectador.

Benito de La Boca no es solo un tributo al maestro de los colores vibrantes, sino una ventana abierta al alma, la pasión y el amor por el arte y el hogar que lo vio nacer. Es un homenaje que revitaliza la historia, la cultura y la identidad de un barrio y su héroe artístico, quien da impulso a los latidos del corazón de Buenos Aires.


FICHA DE LA OBRA

Dirección general: Lizzie Waisse

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